miércoles, 20 de abril de 2011

Vaciarse de acumulaciones

Hoy estuve hablando con un árbol. 
Él, como yo, estaba lleno de agujeros. 
Le faltaba un poco de tronco por aquí, allí algunas ramas, líneas sueltas, volúmenes enteros, manchas de corteza.

No dijo nada, pero yo me inventé que se había conseguido quitar, a lo largo de los años, todas esas cosas que solemos mantener dentro y que nos hacen sentir vacíos. Era como una escultura de Pablo Gargallo: había desaparecido lo intrascendente. Sólo guardaba los trocitos esenciales de sí mismo, que le hacían sostenerse y ser él; no importa en qué estrato, si en la superficie o en lo más profundo. El árbol había aprendido a no gastar energía y sabia en alimentar cuanto le desnutría, vaciándolo como una carcoma o como cualquier otra metáfora de la autodestrucción.
Y en esos huecos yo cabía, para poder irme también. Desde ellos se veían las hojas nuevas y las raíces asomando entre el follaje... Pude imaginarme la respiración pacífica del inmenso árbol, y aclarar que hay vacíos que se acumulan y también hay quienes se vacían de acumulaciones.


...Aunque quizás aquellos huecos no tuviera un propósito, y se le hubiesen caído partes de sí mismo, enfermas, sencillamente.
A saber. Yo no puedo imaginar qué le rondaba por la no-cabeza de un árbol, ni qué sentía. 
Sencillamente, estuve hablando con él; 
un árbol que, como yo, 
estaba lleno de agujeros.

nana

2 comentarios:

Danaë dijo...

Librarse de lo innecesario, quedarse con lo que nos hace ser cómo somos :)

Sara dijo...

''Hay vacíos que se acumulan y también hay quienes se vacían de acumulaciones.''
Que grande!
Sorprendente, me encanta! un abrazo! :)

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