lunes, 11 de octubre de 2010

Cardiofobia y escapismos


Pasan las horas, ya todos duermen. En mi cabeza sigue sonando ese tictac que no detiene. Me atacan los pensamientos sordos de un animal tan tonto, tanto, que prefiere ser humano antes que loco.
Llueve. Y es más reconfortante volver pronto a casa cuando tienes quien te espere. 
Pero hoy no hay nadie. 
Hace frío y con la ventana cerrada se me lleva el aire. Es el extraño suicidio de ilusiones sin techo, ahora que no sé dónde mirar teniéndome frente al espejo. Un dibujo sin nombre que refleja otro desecho; intento de humano que preferiría ser perro. Y correr, y aullar en esta ciudad siempre en lucha, consigo misma, esta ciudad donde con tanto ruido el corazón no escucha.
Hace frío. Frío en los huesos de un animal esclavo y sin dueño, frío en la voz de un cuerpo enfermo... y tan pequeño que las palabras no le caben dentro. Y se me van cayendo, como inútiles despojos de quien no puede ya ni mirarse a los ojos. Sigo perdiendo, sigo pintando en las paredes los recuerdos, de todo lo que no fue, ni intentó serlo. Ni me encuentro ni encuentro el tiempo que perdí sin tenerlo, buscando las revoluciones en mi último sueño.

Nana

1 comentario:

Lucía dijo...

A todos nos sienta fatal el otoño eh?
Saludos Laura!

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