lunes, 2 de agosto de 2010

Alud de humo

En la ciudad las noches son de color naranja; tienen esa luz pálida de irrealidad que brilla como preguntándote si tú... tú, ¿tú eres de verdad o no?
Las farolas provocan la oscuridad de un poeta sin palabras.
Luz tenue y lánguida, dudosa, olvidada, que alumbra sin ver nada. Y cierran los ojos. Procuran dejarse llevar pero crecieron sin raíces, pegaditas al suelo no se pueden mover y sólo tiemblan.
A veces se asustan y se apagan, pero nada más; las farolas no saben sacar conclusiones.
Frente a ellas pasan voces, pisadas, conversaciones y ruidos que no escuchan, presas de un silencio selectivo. Farolas sordas.
Qué árboles, si son sólo postes, alambradas de oxígeno.
Sólo los borrachos abrazan farolas. Nadie les canta nanas ni les cuenta cuentos. Nadie les ha preguntado nunca nada. Nunca han pensado en responder. Nadie nunca nada, no.
Sólo medias lunas, cuartos crecientes y menguantes entre edificios y antenas parabólicas.
Qué rimas de poeta cansado, qué palabras de hastío.
Sorben humo como si fuese inspiración.
Un simple cigarro, con su luz roja al encenderse, les eclipsa.
Nadie intentó nunca fumarse una farola. Focos apagados.
Por nada, por dormir solas con el sol y siempre de pie. Por no tener donde apoyarse. Sólo pueden sostenerse en una base de cemento, ellas mismas, un cemento amargo y frío.
Sin querer y sin saberlo, con su silbido obligado ocultan las estrellas.
Tan simples.
Sólo un borracho dedicaría poemas a las farolas. Un borracho de luz desengañada
Cortocircuito.


Formula mejor tu pregunta.


¿Apagar el generador central?




"Mírame desnudo: ¡somos animales! No estamos hechos para las ciudades."


Nana

Todo

"Todo es todo, todo viene del todo y regresa a todo." (Gurdjieff)


Píntate del color de tus sueños.
Te dije que aprendería a volar:
he inventado una nota que hace que te salgan pájaros de las manos.
Como un truco de magia, pero... real.
Escucha, sé que te gustará.


Los pensamientos inventan palabras en tu cabeza y han decidido serenarse para que las oyeras. Como si nunca hubiesen dejado de estar aquí y esta fuese la primera vez.
El ronroneo de un gato sesteando al sol: saber que de todas las realidades posibles para este momento has elegido una que te hace sonreír.
La conversación dentro de la casa: recordar todo lo que has aprendido, todo lo que al sentir comprendiste.
El zumbido de las moscas con sus mareos aéreos:la constancia de tu mismidad, de tus nadas, tus miedos y flaquezas, las dudas.
Los distintos acentos, las voces hasta hace tan poco nunca oídas: la evidencia de vida y pulsaciones; la clara muestra de que tenemos sangre en las venas y la capacidad de compartirnos, coincidir, dar, regalar, amar.
La respiración pausada de antes de dormir: unas manos que en tu cuerpo conoces.
Notas como tus fuerzas, tus energías, se han ido concentrando en ese cuerpecito y por eso ahora sientes todo lo que te rodea y eres.
Tienes en sus manos todas las posibilidades y cierras el puño, apretando con fuerza.
Es ese miedo, el miedo angustioso de los indecisos el que te hace estar y no estar al mismo tiempo. Por no decidirte ni decidir nada. Infinitas posibilidades entre las cuales no encuentras la tranquilidad de una certeza.
Enloqueció la rosa de los vientos.

"A cada persona se le asigna un número limitado de noches
y las desperdiciadas constituyen
una grave violación del
curso natural de
la única vida
que posee;
además, deja un regusto en la boca
que muchas veces dura dos o tres días,
según quién sea el visitante."
(Charles Bukowski)

Esconde entre el humo de un cigarro apagado
los retales de su antigua piel,
las escamas de su cuerpo de lagarto
y el recuerdo maldito de cuando nada va bien.

Todo lo guardará en una caja
y pegaditas al corazón
las excusas vacías, vanas
que deja la sinrazón.

En las trenzas de su pelo
cenizas que ya no quiero,
que no puedo ni nombrar.

Me pidió, en su tristeza
que guardara con cuidado
pedacitos de certeza
por si se hace duro el andar.

Sola en una luna de miedo,
sola en mundo de muertos
donde ululan los momentos
que no quiero,
que no puedo,
que no me atrevo a nombrar.


¡Vuela!

Nana

sábado, 17 de julio de 2010

Volátil

Ser parte de algo más profundo que de este simple decorado.

Sus ganas de marcharse comenzaron a crecer, sus pies se estaban quedando demasiado pegados al asfalto, es más, juraría que vi algunas raíces nacer de sus pies. Le impedían moverse con libertad, le impedían levantar los pies del suelo, le impedían volar.

Ahora está creando ritmos por las montañas, refrescándose en la noche con el calor de las hogueras, cantándole a la luna llena, y pintándome las estrellas a mí desde lejos.


Y lo mejor, esque ahora ya no tiene que tomar la decisión de fundirse o derretirse con el crudo asfalto. A mí me queda poquito para hacerlo así que ven prontito y nos vamos de aquí que mis manos ya necesitan tocar y sentir otros lugares.



Colores y luna;
mi playa, arena, sol y espuma...

(Iratxo; SUEÑOS)

J.

domingo, 4 de julio de 2010

Nanas para un niño insomne...

Ayer llovió mucho, como en una tormenta tropical, y me reí a carcajadas, completamente empapada pero... 
¡maldita sea, no estabas tú!

¿Dónde te escondes, bastarda?
¿Dónde hostias está mi estrella?
Una estrella tan tan pequeña como ese brillo perfecto en tus ojos. Tan, tan jodidamente inmensa como ese brillo de luna en tus ojos.
Querría buscarme un huequito en alguno de tus lunares y quedarme allí, acurrucada como un gato; convertida en un diminuto botón abrazado a tu piel. A tu piel. A ti. A tus latidos que siempre suenan desbocados, al frío en tus manos y ese calor en el pecho. Al ir y venir de tus pensamientos. Ahí, abrazadita y sin miedo.

...Sólo si aúllas y no ruges. ¡Ruge!


Podría decirse que tu ausencia convierte los segundos en granos de arena, de un inmenso desierto. Conforme éstos van cayendo sobre mí, desde la parte de arriba del reloj, va creciendo el desierto. Me sumerjo en él, grano a grano, y me pierdo buscándote.
Que no te encuentro, vaya. Que no estás.

tic tac tic tac tic tac


...nanas sin letra
Nana.lau