En la ciudad las noches son de color naranja; tienen esa luz pálida de irrealidad que brilla como preguntándote si tú... tú, ¿tú eres de verdad o no?Las farolas provocan la oscuridad de un poeta sin palabras.
Luz tenue y lánguida, dudosa, olvidada, que alumbra sin ver nada. Y cierran los ojos. Procuran dejarse llevar pero crecieron sin raíces, pegaditas al suelo no se pueden mover y sólo tiemblan.
A veces se asustan y se apagan, pero nada más; las farolas no saben sacar conclusiones.
Frente a ellas pasan voces, pisadas, conversaciones y ruidos que no escuchan, presas de un silencio selectivo. Farolas sordas.
Qué árboles, si son sólo postes, alambradas de oxígeno.
Sólo los borrachos abrazan farolas. Nadie les canta nanas ni les cuenta cuentos. Nadie les ha preguntado nunca nada. Nunca han pensado en responder. Nadie nunca nada, no.
Sólo medias lunas, cuartos crecientes y menguantes entre edificios y antenas parabólicas.
Qué rimas de poeta cansado, qué palabras de hastío.
Sorben humo como si fuese inspiración.
Un simple cigarro, con su luz roja al encenderse, les eclipsa.
Nadie intentó nunca fumarse una farola. Focos apagados.
Por nada, por dormir solas con el sol y siempre de pie. Por no tener donde apoyarse. Sólo pueden sostenerse en una base de cemento, ellas mismas, un cemento amargo y frío.
Sin querer y sin saberlo, con su silbido obligado ocultan las estrellas.
Tan simples.
Sólo un borracho dedicaría poemas a las farolas. Un borracho de luz desengañada
Cortocircuito.
Formula mejor tu pregunta.
¿Apagar el generador central?
"Mírame desnudo: ¡somos animales! No estamos hechos para las ciudades."
Nana


