domingo, 11 de abril de 2010

Las manchas de la razón



Las manchas de tinta sobre un papel son disparos.
¿Los oyes?

Pum. Pum.

A quemarropa, uno a uno vas asesinando relojes. Por eso pierdes el ritmo de los tambores y el calor de las hogueras. Por eso, por acostarse con el sonido de los disparos, te hiciste aprendiz de insomne. Por eso la pintura en su boca te sabe translúcida y hasta pierdes corporeidad.

Pum. Pum.

No digas nada; un papel en blanco es más que un silencio: son las voces de los fantasmas que vienen contigo.
No digas nada, no respires. Seguro que así pasarán de largo.



"Un latido me palpita en la sien; no sé si es la conciencia que quiere salir... o la enajenación propia de aquel que sabe que se acerca su fin."




Laura.yotampocoséquiénsoy

miércoles, 7 de abril de 2010

Ama, y ensancha el alma


La vida es un sueño con la ilusión de hacerlo realidad."
En las ciudades, las ilusiones se quedan pegadas al cemento. Como chicles o colillas que la gente pisa sin fijarse, y se van ennegreciendo hasta acabar como meras manchas sobre los adoquines. El alquitrán las inunda y se ahogan los sueños que te hacían palpitar. Entonces, es como si estuvieses muerto: caminas, transparente, rehuyendo los ojos de los demás, para que no vean que estás vacío.
Dentro de poco tampoco reconocerás como propios tus latidos, serás una persona estable, con coche, familia, casa y facturas. El pack de la felicidad, de rebajas en el Corte Inglés. La vida perfecta, la perfecta mentira. No serás tú, serás otro nadie, un traje negro caminando por calles grises. Tu cerebro, en blanco. La televisión y periódicos sensacionalistas llenarán esa carencia. Aceptarás como cierto que los liftings y las cremas embellecedoras quitan del corazón las arrugas. Todo resuelto.
Ahora podrás mirar a los ojos a la gente, porque no tienes nada que esconder: estás tan lleno de vacío como los demás. Pero seguirás girando la cara cuando en el bus alguien se siente frente a ti. Por decencia, por educación. Por miedo.
Cambiaste las pintadas en paredes por tentadoras ofertas: La vida es un sueño, 2x1 en MediaMark. No, no eres tonto. Sólo eres un pobre diablo. Hablarás de cualquier cosa sin saber de nada, pero no importa, dentro de poco una nueva edición de Gran Hermano.
Duele menos pagar 3000 euros por una pantalla de plasma que saber que has hecho de tu vida todo aquello que prometiste no hacer, y has dejado que te compraran lo que prometiste guardar para siempre contigo.
Ahora, dices, estás desengañado. Prefieres buscar en tu vida cosas seguras y no llenarte la boca de ideas y revoluciones. Ya no te crees esas patrañas por las que luchabas de joven. En un café mezclas melancolía y desdén para beber tus recuerdos; has llegado a despreciar aquello por lo que soñabas y la imposibilidad de las utopías te ha derrotado.
Derrotado. ¿Te das cuenta?
Haz un viaje en el tiempo, ¿cuál fue el momento aquel en el que mataron todos tus sueños y te volviste gilipollas?

Retrocede, impídelo. Vuelve a aquella calle y recoge las ilusiones del suelo.
Por favor, no dejes de soñar.

Hay que dejar el camino social alquitranado porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas, hay que volar ¡libres!


:laura:nana:

lunes, 5 de abril de 2010

Azul


Azul

Ella no se perdía, se desencontraba. Se desilusionaba, se desenfocaba, se desinventaba y se desnudaba, pero no se perdía.
Era maestra en el arte de la desaparición. Decía “adiós” y se quedaba quieta en su salita, inmóvil como un naufragio. Entonces ya nadie la encontraba, nadie sabía si se había ido o había dejado de estar.
Por la noche, con la luna entraba el viento que mecía sus trenzas azules. Le susurraba océanos al oído y le decía que se fuera con él. Ella le hacía caso, y seguía quieta.  El viento colgaba sílabas en las costuras de su vestido y jugaba a convertirlos en números. Entonces ella se mareaba, le entraba vértigo y se confundía.  La luna, disimuladamente, colocaba las palabras en el borde de sus pestañas, para que se le cerraran los ojos y durmiera. Pero ella se negaba, era aprendiz de insomne. Por eso tenía tanto tiempo libre por la noche. Unas veces, se sentaba en la silla de madera y con una rabieta dejaba que las horas la masturbaran. Apagaba los relojes y, sin mover ni un músculo, dejaba que recorrieran su cuerpo orgasmos de los mares que ya no navegaba. Otras veces fumaba, y eran orgasmos de humo los que la encontraban despierta.
Otras noches organizaba magníficas fiestas de disfraces. Acudían decenas de personas, todos ataviados con lujosos vestidos y locos por desinhibirse sin tener en cuenta las consecuencias. Ella garantizaba la mayor discreción y sonreía a todo el mundo. La ausencia era la invitada especial, y le ayudaba a disfrazarse: La vestía con un sombrero negro de ala corta, decorado por una cinta blanca que no sabía quién había robado de su vestido. Nada más. Por más que se esforzara, el sombrero, con su lujo y su lujuria, no lograba convertirla en nada. Tampoco lo necesitaba. Podía enloquecer si le daba la gana, y emborracharse sin miedo. Bebía vasos y vasos de colores imposibles. Invitaba a quien tuviera más cerca y le regalaba una gota de azul. Jugaban con ella como juegan los enamorados, y después se echaba a reír y de un trago desaparecía y volvía a aparecer. Le gustaba besar a desconocidos, y besaba como una calada de humo dulce. De las que embriagan, colocan, y te garantizan un ataque de tos amarga.
Las fiestas acababan pronto, porque los invitados eran gente seria y tenían que madrugar para ir al trabajo. No importaba, porque las organizaba con frecuencia. La última fue ayer, o la semana próxima. No estaba segura: confundía el pasado con el presente e inventaba el futuro de antemano. Aun así, siempre se sorprendía a sí misma y nunca seguía sus planes. ¿Para qué?
Por la mañana, cuando los demás se habían ido, ella recogía la habitación. En el suelo retozaban los disfraces, aún borrachos, y del techo colgaban aros de humo. Las enredaderas de la ventana pedían clemencia al sol, y se acurrucaban arrastrando con pesadez la resaca. Ella tendía los vestidos, los pañuelos y las pelucas, los besos postizos y las miradas de antifaz, y colocaba piedras en los bolsillos para que no se volaran.
Exponía a la mañana sus mentiras y al barrer escondía las verdades debajo de la alfombra. Después  se preparaba un café muy cargado, para endulzar el aire y olvidarse. Dejaba en el alféizar de la ventana un vaso de leche fría, para el gato. El pobre había perdido la lógica en su cuarta vida -cuando se hizo poeta- y desde entonces sólo improvisaba jazz sin instrumentos musicales. Le seguía gustando la leche.
Algunos días venía el gato poeta a acompañarle en el desayuno. Con él discutía sobre la belleza, los traumas de Platón y la temperatura perfecta de las tostadas. Al gato le gustaban las historias de pirómanos y el jazz, y era divertido jugar con él a la rayuela porque siempre acababa bailando rock and roll en vez de saltar los cuadrados.
Después del desayuno, se tumbaba en el colchón y hablaba sola. Dejaba que las horas volvieran a vestirla y desvestirla y se escondía entre las sábanas. Pintaba con tinta transparente un esqueleto en su piel y pasaba páginas y páginas buscando los dibujos.
Reía y lloraba, encallaba y navegaba, todo a la vez y sin perderse.
Ella nunca se perdía, sólo se desencontraba.


Blues, her name was Blues.
laura:nana

jueves, 1 de abril de 2010

Esnifar las agujas del reloj, los rayos del sol.




A quemarropa:
Atentado al corazón. No sé dónde dejarlo, no sabe estarse quieto.

A quemarropa:
Atentado a la razón. No sé si lo que quiero es sobrevivir (que no es poco) o vivir de ilusiones (que no sé si se puede).

No sé con qué latidos ha de sincronizarse un órgano hecho de nubes y humo.
No sé, no sé. Pero me está desbocando el aire en los pulmones, el rojo en los labios...


Mi corazón le preguntó a mi cabeza qué le duele... Le comenta que pregunte por sus venas, que por más que le da vueltas no encuentra la respuesta. Y piensa que va a tratarse de una trampa, de una treta. Mente, explícale a tus ojos, que sabrán bien que ante todo no querría enloquecer. Que se inquieta y que se altera, que le busque la respuesta.