miércoles, 2 de noviembre de 2011

9,8

Pesan las lágrimas de pura ingravidez. Me estalla en los oídos el ruido que no hacen al caer.
Hoy al levantarme me he olvidado de mí. No sé cómo mirar para ver personas y no manchas tridimensionales.
Qué lejos está la luna, qué lejos todo.
Estoy igual de sola en mi cuarto vacío que en este vagón lleno.
¿Qué importa romperse? ¿Dónde está la cuerda?

Pequeño y azul animal



Laura.nana

Bailad, bailad

Somos un montón de marionetas bailando al son de una canción que dice somos un montón de marionetas....








Laura.nana

Agua con aceite


Prefiero llevar tus pecas en la piel antes que mis penas.
¿A qué llamas estar vivo?
Soy una gota de agua
- zambullida en aceite - no soy nada.
Soy insomne de días soleados, vómito de falso existencialismo y sin excusa.
Soy otra de las mentiras que no me importó creer.

¿Acaso piensas?
No me mires, no estoy, desaparezco.
No respires, no hay aire suficiente para los dos.
Bésame sólo en blanco y negro.



Soy una superviviente al comercio del tiempo,
me llené de vacíos,
perdí el presente al intentar irme lejos.
Me fui.



Me diluyo en una bañera de aceite, respiro manchas tóxicas de miedo al futuro.
Reescribe el cuento. Ayúdame a reescribirme.


Laura.nana

sábado, 29 de octubre de 2011

La mayor distancia es aquella que no te atreves a recorrer

La cuerda floja sólo existía cuando la observaba desde fuera. Mientras caminaba sobre ella, no había peligro, porque caminaba.
En cada uno de sus pasos había equilibrio y en todos persistía la caída. Se compensaban en sí mismos, y unos a otros.

Yo notaba el abismo gritar durante los segundos previos a cada salto. Después, nada. El silencio que contiene todas las palabras, la inmovilidad que participa de todos los movimientos posibles. Una vez había cogido impulso sólo podía volar, no rozaba la cuerda porque no existía, no caía porque no había abismo. Sin fuerza de gravedad, sin miedo ni arriba ni abajo, todo es posible.
El precipicio -decía- es sólo una invitación al juego.

Me contaba que en cada instante subyace siempre un equilibrio interno, un ritmo latente, que a veces sólo se percibe cuando contemplas el conjunto, como fotografías secándose tras el revelado. Solía decir que el secreto consiste en reconocer este ritmo en el orden y en el caos: Rothko y Pollock.

Afirmaba poder disfrutar de cada segundo porque era absoluto, y que lo era por su carácter efímero. Me invitó a un cigarro con la condición de que cada calada fuese eterna, y yo accedí con la única condición de que la eternidad durase lo que una calada.
Funcionó.

Ella sigue en la cuerda floja, para poder volar.



laura.nana